La increíble hazaña de la mariposa monarca: recorre 5.000 kilómetros y tiene un GPS en el cuerpo

Con un gramo de peso, cada otoño emprende un viaje de miles de kilómetros gracias a un sofisticado sistema de orientación que combina el Sol y su reloj biológico
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La mariposa monarca (Danaus plexippus) es uno de esos animales que demuestran que el tamaño no determina, ni mucho menos, la grandeza de los logros que se pueden llegar a conseguir. Con apenas un gramo de peso y una envergadura que ronda los 10 centímetros, puede recorrer hasta 5.000 kilómetros durante su migración. De hecho, cada año, millones de ejemplares abandonan las regiones del sur de Canadá y el norte de Estados Unidos para buscar refugio ante la llegada del frío.
Este viaje comienza cuando termina el verano. La bajada de las temperaturas y sobre todo, el acortamiento de los días desencadenan la migración de otoño, que se desarrolla principalmente entre septiembre y octubre. Las poblaciones orientales se dirigen hacia las montañas del centro de México, mientras que las occidentales buscan zonas de la costa de California.
Un GPS totalmente natural
No obstante, lo más sorprendente es que muchas de las mariposas que realizan este recorrido jamás han estado en el lugar al que se dirigen. La clave está en un sistema de navegación natural que les permite orientarse utilizando la posición del Sol y un reloj biológico situado en sus antenas. Esta especie de brújula solar les ayuda a mantener el rumbo incluso mientras recorren largas distancias.
No solo eso, sino que su instinto de orientación no termina ahí. En algunas ocasiones, las nubes dificultan la utilización del Sol. Sin embargo, las monarcas cuentan con células capaces de detectar la luz polarizada. Además, existen indicios de que pueden utilizar el campo magnético terrestre como referencia adicional. Todo ello convierte a un insecto diminuto en un auténtico navegante capaz de regresar a las mismas zonas de invernada generación tras generación.
Asimismo, hay otro detalle extraordinario: no todas las mariposas monarcas viven lo mismo. Las que nacen durante la primavera y el verano apenas sobreviven entre dos y seis semanas. En cambio, la generación que aparece a finales del verano entra en una fase conocida como diapausa reproductiva, en la que se retrasa la reproducción y puede vivir hasta ocho o nueve meses. Es la llamada generación Matusalén, la única que completa el largo viaje hacia el sur, pasa el invierno y emprende después el regreso.
Una metamorfosis de un mes
Antes de convertirse en viajeras, las monarcas tienen que pasar por un ciclo de vida mucho más rápido. Las hembras depositan individualmente cientos de huevos en el envés de las hojas de los algodoncillos. Tras unos días nacen las orugas, reconocibles por sus franjas blancas, negras y amarillas.
El algodoncillo resulta fundamental para la especie por otro motivo. Es el alimento de las orugas y la planta sobre la que las hembras ponen sus huevos, pero también contribuye a su defensa, ya que las larvas incorporan sustancias tóxicas de la planta y las conservan en su organismo, convirtiéndolas en presas poco apetecibles.
Un viaje en peligro de extinción
En este sentido, por depender de una ruta tan extensa, la mariposa monarca se enfrenta a muchas amenazas, recuerdan desde la organización WWF. La desaparición del algodoncillo, el uso de pesticidas, la pérdida de zonas de alimentación, la deforestación y el cambio climático pueden afectar a distintas etapas de su ciclo.
Cabe destacar, que la importancia de la mariposa monarca va más allá de su espectacular desplazamiento. Como oruga actúa como herbívora y, una vez adulta, se convierte en polinizadora al alimentarse del néctar de diferentes plantas. Su recorrido por Norteamérica contribuye a transportar polen entre poblaciones vegetales y forma parte de una compleja red ecológica.
Fuente original: eldiario.es












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