Si Feijóo ya tiene ganadas las elecciones, ¿por qué el PP tiene tanto miedo a Pedro Sánchez?

El Partido Popular lleva meses repitiendo que Alberto Núñez Feijóo será el próximo presidente del Gobierno. Sus dirigentes lo presentan casi como un hecho consumado y buena parte de los medios afines alimentan esa misma idea día tras día. Sin embargo, hay una contradicción que resulta imposible de ignorar: si la victoria está tan asegurada como proclaman, ¿por qué el PP dedica casi toda su estrategia política a atacar sin descanso a Pedro Sánchez? Quien está convencido de que va a ganar unas elecciones transmite serenidad. Presenta un proyecto de país, habla del futuro y se prepara para gobernar. Pero el PP no lo hace. Lo que sí hace es convertir al presidente en el centro permanente de su discurso. La intensidad de la ofensiva total no transmite seguridad de quien se siente vencedor, sino la inquietud de quien sabe que el poder se le puede volver a escapar. Esta contradicción es la principal grieta en la narrativa construida por Génova. Cada encuesta favorable se presenta como la confirmación de un cambio de ciclo irreversible. Cada sondeo se interpreta como la antesala de la llegada de Feijóo a La Moncloa. Sin embargo, cuando se observa el comportamiento real de la dirección popular, el mensaje cambia por completo. No pasa un solo día sin una nueva embestida política contra el presidente del Gobierno. No importa cuál sea el asunto de actualidad: todo termina orbitando alrededor de Pedro Sánchez. Cada decisión del Ejecutivo se convierte en motivo de confrontación. Cada iniciativa es catalogada como un escándalo. Cada movimiento alimenta una nueva campaña mediática. Esta estrategia plantea una pregunta inevitable: ¿por qué tanta urgencia y ansiedad si la victoria supuestamente ya está garantizada? La experiencia demuestra que los partidos convencidos de su triunfo actúan de otra manera. Intentan proyectar una imagen de gobierno institucional, ofrecer estabilidad y generar confianza entre los ciudadanos. El Partido Popular, en cambio, parece instalado en una campaña de demolición permanente cuyo principal objetivo no es explicar qué España propone Feijóo, sino convencer a los españoles de que Pedro Sánchez debe desaparecer de inmediato de la vida política. Esta actitud revela una realidad muy incómoda para la oposición. Por mucho que algunos quieran presentarlo como un líder acabado, Pedro Sánchez ha demostrado durante años una extraordinaria capacidad de resiliencia. En 2016, lo dieron por amortizado tras ser apartado de la Secretaría General del PSOE; regresó y ganó las primarias. En 2018, lo dieron por derrotado antes de la moción de censura y terminó llegando a La Moncloa. En 2019, lo creyeron incapaz de mantenerse y consiguió formar el primer gobierno de coalición. En 2023, lo volvieron a dar por liquidado antes de las generales y, contra todo pronóstico, frustró la investidura de Feijóo. Este historial no es un detalle menor; es un precedente que pesa enormemente sobre la estrategia del Partido Popular. La derecha española ya ha celebrado la derrota política de Pedro Sánchez antes de tiempo en demasiadas ocasiones y en todas ellas terminó llevándose una enorme decepción…