El "falso alzhéimer" del verano: la confusión repentina en mayores que sí tiene tratamiento

El "falso alzhéimer" del verano: la confusión repentina en mayores que sí tiene tratamiento

Ocurre casi siempre igual. Una familia llega al apartamento de la playa con la abuela, que hace dos días conversaba con normalidad, y de pronto la encuentra transformada: no sabe dónde está, confunde a sus nietos, dice frases sin sentido o mira sin ver. El cambio es tan brusco que el primer pensamiento resulta inevitable: «Tiene alzhéimer». Y con él llega el pánico a un deterioro irreversible. Pero esa sospecha, por comprensible que sea, no encaja con lo que la medicina sabe de las demencias, que avanzan de forma lenta y progresiva a lo largo de meses o años. Lo que esa familia está presenciando tiene otro nombre: síndrome confusional agudo o delírium. Y, a diferencia del alzhéimer, suele tener una causa concreta y tratable detrás. No es un cuadro exclusivo del verano: puede aparecer en cualquier época del año e incluso hay estudios que apuntan a una mayor incidencia en otoño e invierno, empujada por las infecciones respiratorias. Pero el estío reúne varios de sus detonantes clásicos: el calor, la deshidratación, las infecciones urinarias, las rutinas desordenadas y el mal descanso de las vacaciones. Qué es el delírium y por qué el verano lo despierta El Dr. José María Ortega Morente, del Servicio de Geriatría del Hospital Universitario Infanta Elena, lo define con precisión: «El síndrome confusional agudo, o delírium, es una alteración brusca de la atención, el nivel de conciencia y la organización del pensamiento que puede aparecer en horas o pocos días». Esa velocidad de instauración es la primera gran pista para las familias: lo que se instala en cuestión de horas no es una demencia. El geriatra matiza que no existe un mes con máxima incidencia demostrada, aunque el calendario estival juega en contra de los más frágiles. «Si bien en verano, confluyen desencadenantes clásicos del mismo: calor, deshidratación, infecciones urinarias, cambios de rutina y a veces mal descanso, y descompensaciones de enfermedades crónicas», explica. Julio y agosto no causan el delírium, pero le preparan el terreno, igual que ocurre con las olas de calor y sus complicaciones más conocidas. Cuando una cistitis se disfraza de demencia La segunda sorpresa para las familias es descubrir qué se esconde detrás. En un adulto joven, una infección de orina duele y da fiebre. En una persona de edad avanzada, puede no dar ninguno de esos avisos y manifestarse directamente como un cambio radical de conducta. Es lo que los médicos llaman una presentación atípica: la enfermedad está ahí, pero con otros síntomas de los esperados. «Es muy habitual que en el adulto mayor la clínica que todos esperamos, no sea la que apreciamos, y puedan aparecer o debutar diferentes patologías de forma atípica o pauci-sintomática. La vulnerabilidad que puedan tener en su organismo hace que puedan debutar con síntomas iniciales tales como la confusión, somnolencia, irritabilidad o desorientación», señala el Dr. Ortega Morente. Dicho de otro modo: en los mayores, la confusión funciona muchas veces como el primer síntoma de algo que no tiene nada que ver con…

Fuente original: elplural.com

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