Verano y salud ocular: los errores más frecuentes y cómo prevenirlos
Con la llegada del verano cambian nuestras rutinas. Pasamos más tiempo al aire libre, disfrutamos de la playa y la piscina, viajamos con frecuencia y buscamos refugio del calor en espacios con aire acondicionado. Son hábitos propios de esta época del año que favorecen el descanso y el ocio, pero que también exponen a nuestros ojos a condiciones muy diferentes de las del resto del año. La radiación ultravioleta, el agua de piscinas y playas y los ambientes secos se convierten en factores con los que la superficie ocular debe lidiar a diario. Mientras la mayoría de las personas tiene muy presente la necesidad de proteger la piel del sol mediante crema solar o ropa adecuada, no ocurre lo mismo con la salud ocular. Sin embargo, los ojos también sufren las consecuencias del verano y pueden desarrollar desde molestias leves, como irritación o sensación de arenilla, hasta infecciones potencialmente graves cuando determinados hábitos no son los adecuados. Muchas de estas situaciones, además, son perfectamente evitables con unas sencillas medidas de prevención. A ello se suma que algunos de los errores más frecuentes pasan desapercibidos porque forman parte de la normalidad de las vacaciones. Bañarse con lentillas, comprar gafas de sol únicamente por motivos estéticos o utilizar colirios sin indicación médica son prácticas habituales que pueden tener consecuencias mucho más importantes de lo que parece. La buena noticia es que conocer los riesgos permite disfrutar del verano sin renunciar a ninguna actividad y reduciendo al mínimo las posibilidades de sufrir lesiones oculares. El error más peligroso: bañarse con lentillas Uno de los hábitos que más preocupa a los oftalmólogos es el de entrar en el agua con lentes de contacto. Muchas personas lo hacen para poder ver mejor mientras nadan o practican deportes acuáticos, convencidas de que permanecer unos minutos en la piscina o en el mar no supone ningún riesgo. Sin embargo, el agua nunca es completamente estéril, las lentillas actúan como reservorio de microorganismos y la córnea queda especialmente expuesta. El Dr. Francisco Javier González García, jefe asociado del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Rey Juan Carlos, advierte de que esta práctica puede tener consecuencias muy importantes «porque el agua, aunque parezca limpia, nunca es estéril. Las lentillas pueden retener bacterias, hongos o incluso microorganismos como Acanthamoeba entre la lente y la córnea, favoreciendo infecciones muy graves que pueden dejar cicatrices permanentes e incluso requerir un trasplante de córnea. Es un riesgo poco frecuente, pero cuando ocurre puede tener consecuencias muy importantes. Si alguien necesita ver bien para bañarse, es mucho más seguro utilizar gafas graduadas de natación.» Aunque la mayoría de los baños transcurren sin incidentes, las infecciones de la córnea asociadas al uso de lentes de contacto son algunas de las más temidas por los especialistas debido a su gravedad y a las secuelas que pueden dejar sobre la visión. Por eso, retirar las lentillas antes del baño, utilizar gafas graduadas de natación cuando sea necesario y seguir las normas de higiene son medidas sencillas que…
Fuente original: elplural.com












Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!