Rob Daviau, el hombre que enseñó a los juegos de mesa a recordar

Rob Daviau, el hombre que enseñó a los juegos de mesa a recordar

En 2009, un diseñador de Hasbro llevaba años dándole vueltas a la misma pregunta absurda. En el Cluedo, el doctor Negro aparece asesinado en cada partida, siempre en la misma mansión y siempre a manos de los mismos sospechosos. Nadie recuerda nada. Nadie sospecha del mayordomo por lo que hizo la semana pasada. ¿Y si lo recordaran? Ese diseñador era Rob Daviau, y de aquella pregunta salió el único género de juegos de mesa que puede atribuirse a una sola persona. Este sábado firmará sus juegos en el Festival Internacional de Juegos de Córdoba, donde participa como invitado especial. Doce años en la fábrica de regalos Daviau nació en 1970 en Waterville, un pueblo de unos 18.000 habitantes en el estado de Maine. Estudió civilizaciones clásicas, quiso ser guionista de comedia televisiva y trabajó como redactor publicitario antes de entrar en Hasbro a finales de los noventa, respondiendo a un anuncio en el periódico. Allí pasó algo más de una década. Trabajó en el desarrollo del Betrayal at House on the Hill original, un juego ideado por Bruce Glassco que él reelaboró durante casi dos años para hacerlo accesible a un público amplio. Participó en HeroScape, el sistema de terreno modular de Stephen Baker, encargándose sobre todo de la parte narrativa y de los personajes. Y firmó varios juegos con licencia de Star Wars, entre ellos Epic Duels, además de un puñado de productos que hoy resultan casi arqueológicos, como las versiones de Cluedo y Monopoly con DVD. El propio Daviau ha descrito el negocio de las grandes jugueteras con una fórmula precisa: no venden juegos, venden regalos. Quien compra rara vez es quien juega, así que lo determinante es la portada de la caja y que el producto se entienda de un vistazo. Con tiradas de cientos de miles de unidades, el margen para experimentar era escaso. 🎲 Únete a nuestro canal de WhatsApp Recibe noticias, reportajes y recomendaciones de juegos de mesa directamente en tu móvil. Unirme al canal Guerrilla corporativa La primera propuesta de Daviau fue un Cluedo con memoria. La dirección la rechazó. Meses después le dejaron aplicar la misma idea a otro clásico de la casa, el Risk de Albert Lamorisse, y de ahí salió Risk Legacy en 2011. La influencia declarada no viene de otros juegos, sino de la televisión y de la cocina: series con episodios encadenados y finales en suspense, y platos que se preparan una vez y no vuelven a repetirse igual. También de un rechazo explícito a los libros juveniles de Elige tu propia aventura, donde el lector dejaba el pulgar entre las páginas para poder deshacer una mala decisión. Daviau quería exactamente lo contrario: algo irreversible. Sacar aquello adelante dentro de una multinacional exigió métodos poco ortodoxos. El desarrollo se mantuvo al margen de las revisiones internas habituales y el autor asumió personalmente la tarea de explicar a los comerciales cómo vender un juego que pedía al comprador romper cartas y pegar adhesivos sobre el tablero. Se arriesgó porque…

Fuente original: elplural.com

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