Lo que España tiene que aprender de AMA Asturies

Lo que España tiene que aprender de AMA Asturies

Mientras buena parte de la política convierte la militancia en una sucesión de reuniones, comunicados y caras largas, un colectivo nacido en 2017 ha demostrado en Asturies que se puede hablar de feminismo, vivienda, antirracismo o Palestina sin renunciar al humor, la fiesta, los símbolos propios y la construcción de comunidad.

HACER POLÍTICA SIN PARECER UN DEPARTAMENTO DE RECURSOS HUMANOS

Hay organizaciones que parecen diseñadas para conseguir que cualquiera que se acerque a ellas salga corriendo. Reuniones interminables, lenguaje para iniciados, documentos que no leería voluntariamente ni quien los redactó y una solemnidad capaz de convertir cualquier causa justa en un trámite administrativo.

Luego está AMA Asturies.

Nació en 2017, después de que parte de una generación politizada en las Asambleas de Estudiantes de la Universidad de Oviedo/Uviéu terminara sus estudios y buscara otra manera de seguir organizándose. Se registró inicialmente como Asamblea Moza d’Asturies y con los años conservó sus siglas mientras ampliaba su identidad. Feminismo, ecologismo, antirracismo, vivienda, servicios públicos, internacionalismo y anticapitalismo forman parte de su definición política.

Hasta aquí podría parecer otro colectivo de izquierdas.

La diferencia empieza en lo demás.

AMA entendió que la gente no construye comunidad únicamente escuchando discursos. También necesita bailar, reírse, beber algo, encontrarse, ligar, discutir, aprender y sentir que forma parte de un lugar donde ocurren cosas.

Por eso alrededor del colectivo aparecen Les Cigarreres en Xixón, el Zarréu Fest en el suroccidente, escuelas de formación, conciertos o Fiestes Populares en Uviéu. La organización lo resume sin demasiadas vueltas: se consideran un colectivo folixeru y se toman la fiesta en serio.

Puede parecer una cuestión secundaria hasta que se observa lo que ha ocurrido durante décadas con parte del asociacionismo político español. La derecha empresarial dispone de estadios, discotecas, medios, festivales, fútbol, influencers y un enorme ecosistema cultural donde su visión del mundo circula sin necesidad de presentarse como política. Una parte de la izquierda redujo mientras tanto su sociabilidad a sedes, actos y manifestaciones.

AMA disputa también el ocio.

En Uviéu ha participado junto a Asturias Acoge, El Viescu y otros colectivos en unas Fiestes Populares que buscan recuperar espacio comunitario dentro de unas celebraciones de San Mateo fuertemente comercializadas. El año pasado proyectaron una bandera palestina sobre la Catedral. Este 11 de septiembre de 2026, dos integrantes de AMA, Rubén Rosón y Jorge Fernández, fueron agredidos cuando colaboraban en una de esas casetas. Según denunciaron, un grupo de ocho jóvenes arrancó elementos arcoíris y antirracistas antes de golpearlos mientras pronunciaban insultos políticos y gritos de “Arriba España”. Ambos fueron atendidos en el HUCA.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, calificó posteriormente lo ocurrido como un “delito de odio”, mientras continuaba la investigación policial.

La violencia recuerda que esas casetas aparentemente festivas también son espacios políticos. Precisamente porque hay gente haciendo comunidad allí.

UNA SANTINA CON GAFAS DE SOL PUEDE HACER MÁS QUE CIEN COMUNICADOS

La otra lección está en los símbolos.

Durante demasiado tiempo, determinados sectores progresistas regalaron identidad, tradiciones y cultura popular a quienes pretendían utilizarlas como patrimonio exclusivo de una España conservadora. AMA ha elegido otro camino: meterse dentro de los símbolos y discutir su significado.

La imagen más evidente es la Santina Queer.

Desde 2025, el colectivo lleva a algunas movilizaciones una versión transformada de la Virgen de Cuadonga con elementos feministas, trans y LGTBI. Aquella figura terminó después convertida en Santina Inquilina para hablar del derecho a la vivienda.

La operación es políticamente mucho más inteligente que colocar otro logotipo sobre una pancarta. No abandona un símbolo popular porque determinados sectores conservadores pretendan tener su escritura de propiedad. Lo toca, se ríe con él, lo transforma y obliga a discutir sobre quién puede representar Asturies.

La Fundación Española de Abogados Cristianos respondió con una denuncia. El 29 de mayo de 2026, el Xulgáu d’Instrucción de Villaviciosa abrió diligencias por un posible delito contra los sentimientos religiosos relacionado con la Santina Queer utilizada en el 8 de marzo.

También Vox ha reclamado excluir a AMA de determinadas subvenciones públicas. Y la organización ha seguido sacando a la Santina.

Hay otra parte menos vistosa, pero posiblemente más importante.

En julio de 2026, AMA celebró la séptima edición de su Escuela de Pensamiento Feminista. Por sus diferentes ediciones han pasado Rita Segato, Ada Colau, Mónica Oltra, Rafaela Pimentel, Miquel Missé, Itziar Ziga o Clara Serra. Este año se discutieron cuestiones como mujeres migrantes, derechos LGTBIQ+, masculinidades, reproducción asistida y acoso a mujeres en espacios de poder.

Es decir: fiesta, sí. Memes, también. Pero detrás hay formación política.

Ahí quizá esté una de las cuestiones más interesantes de AMA para cualquier movimiento social que observe su experiencia desde Madrid, Barcelona, València, Sevilla o cualquier otra parte del Estado. Han entendido que profundidad y diversión no son enemigas. Que una organización puede discutir teoría feminista durante cuatro días y después organizar un festival. Que se puede hablar de colonialismo mientras se utilizan referencias de la cultura pop. Que lo local y lo internacional caben en la misma pancarta.

También han comprendido algo sobre internet. Su Instagram supera los 25.000 seguidores, según los datos recogidos por Nortes, una cifra superior a la de buena parte de las organizaciones políticas asturianas.

Pero las redes son una herramienta y no el lugar donde termina la organización. Detrás del vídeo sigue habiendo alguien montando una caseta en Uviéu, preparando una escuela feminista, viajando en una delegación de derechos humanos a Colombia o levantando un festival en el suroccidente asturiano.

Esa combinación cuesta copiarla porque requiere precisamente lo que ningún algoritmo proporciona: años.

AMA nació en 2017. Su Escuela Feminista llegó en 2020. La Santina Queer apareció en 2025. El Zarréu Fest lleva tres ediciones. Les Cigarreres sigue construyendo espacio en Xixón. Fiestes Populares ha ido creciendo en Uviéu.

No hay campaña viral capaz de sustituir eso.

Mientras otros buscan desesperadamente cómo recuperar a la gente, en Asturies llevan años haciendo algo bastante menos misterioso: darle un sitio donde encontrarse.

Fuente original: spanishrevolution.net

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