La primera película en color de Hitchcock fue también un experimento con el que quiso engañar al espectador

El director rodó los 80 minutos de la cinta como si fuera un único plano secuencia, algo novedoso para la época
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En 1948, Alfred Hitchcock estrenó La soga, su primera película rodada en color. Protagonizada por James Stewart, John Dall y Farley Granger, la cinta planteaba la historia de dos jóvenes que asesinan a un antiguo compañero de universidad y esconden su cadáver en un arcón del salón. Poco después, organizan una fiesta en el mismo apartamento e invitan a familiares, amigos y a su antiguo profesor, sin que ninguno sospeche lo que acaba de ocurrir.
Más allá del color y la trama, este largometraje de suspense pasó a la historia por su arriesgada propuesta técnica. Hitchcock quiso rodar la película como si estuviera compuesta por un único plano secuencia, sin cortes ni interrupciones aparentes, una apuesta poco habitual en el cine de Hollywood de la época.
“Emprendí La soga como un truco. Es la única forma en que puedo describirlo. Realmente no sé cómo llegué a hacerlo”, llegó a decir el cineasta sobre aquel experimento audiovisual. Hitchcock rodó la película íntegramente en tomas ininterrumpidas de diez minutos, la duración de un rollo de película, pero no se libró de las limitaciones técnicas.
Todo un sistema de rodaje
Para disimular las pausas necesarias al cambiar el rollo de 35 milímetros, el director ideó un sistema con el que hacer que los cortes pasaran inadvertidos para el público. “Terminábamos con un primer plano de la chaqueta de alguien, y al comienzo del siguiente rollo, empezábamos con el mismo primer plano del mismo personaje”, explicó él mismo.
La acción de La soga transcurre en “tiempo real”, entre las siete y las ocho y media de la noche, y se concentra en un único escenario, lo que facilitó el falso plano secuencia. Pero adaptarse a esta forma tan peculiar de rodar no fue fácil, y los actores y técnicos ensayaron durante quince días para aprenderse los movimientos, según recuerda el Instituto Estadounidense del Cine.
El equipo técnico, además, tuvo que adaptar el decorado para que la cámara pudiera desplazarse libremente por el apartamento en el que tenía lugar toda la acción. Algunas paredes y muebles se movían fuera del encuadre para abrirle paso y volver a colocarse después.
Hoy, títulos como Psicosis, Vértigo, La ventana indiscreta o Los pájaros siguen siendo algunas de las películas más reconocidas de Alfred Hitchcock. La soga, en este sentido, suele ocupar un lugar menos destacado entre el público general, aunque se trata de una de las propuestas más singulares de su filmografía.
Fuente original: eldiario.es












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