La libertad de información en peligro: el odio no es la solución

La libertad de información en peligro: el odio no es la solución

Esta semana hemos vivido una serie de agresiones intolerables a periodistas en las concentraciones convocadas por PP y Vox en apoyo de Ceuta. Jamás en mi vida me imaginé que podría dar miedo ir a cubrir una convocatoria del Partido Popular, pero en esas estamos. El día que eso sucedió me pilló en el plató de Malas Lenguas. Estaba cómodamente sentada con mi aire acondicionado cuando vi, en directo, como casi le rompen la cara a un compañero. Estallé. No lo pude evitar, y estallé. Lo que dije en la televisión se ha hecho viral y, desde entonces, me llegan, a través de las redes sociales, cientos de mensajes que destilan odio. Aquí les transcribo, lectores, una pequeña muestra: «50.000 personas? Pinchazo de manifestación? Te escuché ayer decirlo (, no eres más que una puta gorda acomplejada, desequilibrada y enferma mental, a la que el único hombre que te ha tocado ha sido tu abuelo de madrugada en tu infancia». «Hija de la grandisima puta, trolera, mentirosa. Eres la mayor basura que existe, la comepollas oficial de Sanchez, puta muerta de hambre Cuando caiga Sanchez te iras a vivir debajo de un puente y yo ire a mearte en la puta cara de cerda que tienes PUTA ZORRA, COMEPOLLAS, BASURA INMUNDA» Esos mensajes no solo me llegan a mí, a mis compañeros de la bancada conservadora también les envían verdaderas salvajadas a través de las redes sociales. Es lo que tiene la impunidad del anonimato (eso tiene otro debate profundo). En la miniserie británica De puntillas (Tip Toe), que desde aquí les recomiendo, se dice una frase que, por lo real que se ha vuelto, es terrorífica: «El odio ya no es algo que miramos de lejos: es un tsunami que nos ha pasado por encima». Este sábado, les envié a mi grupo de amigos de pequeña las capturas de los mensajes que les he mostrado previamente, así como otras del mismo calado. En el grupo se habló de polarización, pero también salió el tema de las redes. Mi amiga Paola dijo: «Es muy triste que haya gente que prefiera odiar al que opina diferente a él/ella, o que prefiera usar las descalificaciones y la violencia verbal, en lugar de usar el diálogo. En este país ha costado mucho llegar a esta democracia, a que podamos vivir libremente nuestras ideas, nuestra sexualidad, en resumen, nuestras vidas; ¡¡para que ahora vengan unos cuantos energúmenos a intentar azuzar y meter miedo y malestar!! Una pena, la verdad». Paola ni es periodista, ni política, ni nada que tenga que ver con la vida pública. Pero Paola ha demostrado en un mensaje tener más cordura que la mayoría de los políticos que conozco. Ella, una ciudadana de a pie, tiene más altura moral en un pelo de la cabeza que todo Vox junto. Ella, Paola, jamás le podría una diana en la espalda a nadie, y muchos menos a una periodista que aparece en la televisión cada día como sí ha hecho la diputada…

Fuente original: elplural.com

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