Jon Rahm abre la puerta de salida del proyecto que quiso partir el golf en dos
Jon Rahm ha vuelto a poner patas arriba el panorama del golf mundial. El golfista vasco ha anunciado que dejará de participar en LIV Golf como consecuencia de la inestabilidad financiera que azota a la organización. Los más de 500 millones de deuda han hecho que una de las caras más reconocibles del mundo golfístico dé un paso al lado y se desvincule del circuito saudí. Cuando Jon Rahm fichó por LIV Golf en diciembre de 2023, su llegada tenía un significado que iba mucho más allá de una nueva incorporación. El golfista español era uno de los grandes nombres del circuito tradicional y su decisión de abandonar el PGA Tour para incorporarse al proyecto financiado por Arabia Saudí parecía confirmar que la fractura del golf profesional había alcanzado un punto de no retorno. Casi tres años después, su salida representa precisamente el movimiento contrario. Rahm ha decidido no continuar en la nueva versión de LIV porque considera inaceptables las condiciones planteadas para esta nueva etapa. El cambio es significativo porque Rahm no era un jugador más dentro del experimento saudí. Su fichaje fue presentado como una demostración de fuerza, la prueba de que el dinero del Public Investment Fund (PIF) podía atraer incluso a las grandes estrellas que parecían comprometidas con el circuito tradicional. Su contrato, valorado en cientos de millones de dólares, convirtió al español en uno de los rostros principales de una competición que pretendía competir de igual a igual con el PGA Tour. Ahora, el escenario es completamente diferente. LIV ha entrado en una fase de repliegue después de que el PIF dejara de sostener el proyecto con la misma intensidad que durante sus primeros años. Del dinero infinito a buscar un modelo sostenible El gran cambio de LIV no está únicamente en el número de jugadores que pueden marcharse. Está en el modelo económico que permitió construir el circuito. Durante sus primeros años, el proyecto saudí podía competir utilizando una capacidad financiera prácticamente ilimitada para atraer estrellas, ofrecer grandes premios y garantizar contratos millonarios. Esa estrategia permitió incorporar a jugadores como Phil Mickelson, Dustin Johnson, Brooks Koepka o Bryson DeChambeau, además del propio Rahm. Ese planteamiento ya no existe en los mismos términos. La nueva LIV 2.0 contempla menos torneos, una reducción del presupuesto destinado a premios y una estructura mucho más pequeña, mientras el circuito intenta atraer capital privado. BC Partners se ha comprometido a aportar hasta 300 millones de dólares y el nuevo proyecto pretende convertir a los jugadores en propietarios de los equipos y de una parte de la propia competición. La transformación es profunda porque LIV ya no intenta demostrar que puede gastar más que el PGA Tour. Ahora necesita demostrar que puede sobrevivir sin hacerlo. El problema ha dejado de ser cómo conseguir nuevas estrellas y ha pasado a ser cómo conservar las que ya tiene mientras construye un negocio capaz de sostenerse con menos dinero saudí. La salida de Rahm encaja perfectamente en esa transición. El español llegó cuando…
Fuente original: elplural.com












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