El humedal de Cádiz donde tres lagunas desaparecen cada verano y mantienen uno de los refugios de aves más importantes del sur de España

El Complejo Endorreico de Espera reúne tres lagunas de comportamiento estacional que dependen exclusivamente de la lluvia y de pequeños aportes subterráneos
El humedal de Madrid que nació por orden de Felipe II y hoy alberga una de las mayores reservas de mariposas de Europa
En el norte de la provincia de Cádiz existe un paisaje que rompe con la imagen habitual de los grandes humedales andaluces. El Complejo Endorreico de Espera está integrado por las lagunas Hondilla, Salada de Zorrilla y Dulce de Zorrilla, tres masas de agua que no desembocan en ningún río ni mantienen conexión con el mar. Su alimentación depende casi por completo de las precipitaciones y de pequeños flujos subterráneos, una condición propia de los sistemas endorreicos que provoca grandes oscilaciones en el nivel del agua. Durante el verano, la evaporación puede secarlas parcial o totalmente, un proceso que no responde a una degradación del espacio, sino al funcionamiento natural de un ecosistema adaptado desde hace miles de años al clima mediterráneo.
Lejos de constituir un fenómeno aislado, estas lagunas forman parte del Complejo Endorreico de Lebrija-Las Cabezas, una red de humedales interiores distribuida entre Cádiz y Sevilla que incluye también las lagunas de Cigarrera, Pilón, Peña, Galiana, Taraje y Charrozo, además de otras cubetas hoy desaparecidas. Dentro de ese conjunto, el enclave de Espera desempeña un papel especialmente relevante como área de alimentación, reproducción y descanso para numerosas aves acuáticas, sobre todo cuando otros humedales del valle del Guadalquivir atraviesan periodos desfavorables. Esa importancia ecológica ha motivado su reconocimiento como Reserva Natural y su integración en la Red Natura 2000, además de su inclusión en la lista Ramsar de Humedales de Importancia Internacional.
Un paisaje modelado por el agua y la roca
La existencia de estas lagunas responde a una combinación muy concreta de factores geológicos. Este sistema lagunar se sitúa en la transición entre los materiales sedimentarios de la depresión del Guadalquivir y las formaciones más antiguas de las Cordilleras Béticas. Esa configuración genera una sucesión de suaves colinas y depresiones naturales capaces de retener el agua de lluvia al carecer de una salida superficial. A partir de ahí, el ciclo anual queda determinado por el equilibrio entre las precipitaciones, la infiltración y la intensa evaporación propia del verano andaluz. El resultado es un entorno en permanente transformación, donde la extensión de las láminas de agua cambia cada temporada sin alterar la estabilidad ecológica del conjunto.
Aunque comparten origen y funcionamiento, las tres lagunas presentan rasgos muy diferentes. Hondilla apenas alcanza las 2,9 hectáreas y destaca por su carácter oligotrófico, una escasez de nutrientes poco frecuente entre las lagunas gaditanas que favorece comunidades vegetales muy especializadas. Salada de Zorrilla, con unas 23 hectáreas, constituye la mayor cubeta del sistema y se caracteriza por una elevada salinidad, mientras que Dulce de Zorrilla es la más profunda y la que conserva agua durante más tiempo, incluso en años especialmente secos. Esa diversidad física explica que cada una desempeñe funciones ecológicas complementarias dentro del mismo espacio protegido.
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Laguna Hondilla desde el mirador
Un refugio para las aves acuáticas
La variedad de ambientes que generan las tres lagunas explica su extraordinaria riqueza faunística. Las zonas de aguas abiertas, las orillas inundables y las formaciones de carrizo ofrecen alimento, refugio y lugares de reproducción a numerosas especies de aves acuáticas. Entre las más destacadas figuran la malvasía y la focha común, acompañadas por otras reproductoras habituales como el porrón común, el ánade real, el ánade friso, la focha moruna, el calamón y el zampullín cuellinegro. Con la llegada del invierno y de los periodos migratorios, la reserva adquiere una nueva dimensión gracias a la presencia de grandes concentraciones de anátidas, cigüeñas comunes y flamencos. Esa utilización continuada a lo largo del año convierte a Espera en uno de los enclaves ornitológicos más relevantes del interior andaluz.
El valor de Espera no depende únicamente de sus aves. El cinturón de vegetación que rodea las lagunas constituye un hábitat esencial para numerosas especies de fauna terrestre y acuática. Carrizos, eneas, castañuelas, juncos y tarajes estabilizan las orillas y sirven de refugio a anfibios, reptiles e invertebrados, mientras que el entorno inmediato enlaza con un mosaico de lentiscos, acebuches, palmitos, pastizales y cultivos de secano. Esa transición entre medios acuáticos y terrestres favorece la presencia de zorros, liebres, galápagos leprosos, lagartos ocelados y distintas especies de culebras, configurando un conjunto ecológico de gran diversidad pese a la reducida superficie protegida.
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Un patrimonio botánico excepcional
La singularidad de cada laguna también se refleja en su flora acuática. Hondilla alberga especies poco frecuentes en los humedales gaditanos gracias a sus aguas pobres en nutrientes, entre ellas Potamogeton pectinatus, Zannichellia obtusifolia, distintas algas del género Chara y dos plantas flotantes exclusivas dentro del conjunto lagunar: Utricularia australis y Ricciocarpus natans. En Salada de Zorrilla predominan especies adaptadas a una mayor salinidad, como Ruppia drepanensis, mientras que la estabilidad hídrica de Dulce de Zorrilla favorece el desarrollo de extensas praderas de Ceratophyllum demersum junto a otras plantas sumergidas que apenas encuentran condiciones similares en las restantes lagunas. Esta diversidad vegetal constituye uno de los principales valores científicos del espacio y demuestra cómo pequeñas variaciones en la química y la profundidad del agua generan comunidades completamente distintas.
Un humedal que vive al ritmo de las estaciones
El aspecto del Complejo Endorreico de Espera cambia radicalmente a lo largo del año. Las lluvias de otoño e invierno llenan las cubetas y transforman la campiña en un paisaje dominado por las superficies inundadas, mientras que la primavera coincide con el máximo desarrollo de la vegetación y la actividad reproductora de muchas aves. Con la llegada del verano, la evaporación reduce progresivamente la lámina de agua hasta dejar algunas lagunas prácticamente secas. Lejos de representar una pérdida de valor ecológico, esta fase forma parte del funcionamiento natural de unos humedales temporales de los que dependen numerosas especies adaptadas a estas condiciones. Precisamente esa alternancia entre inundación y estiaje convierte a Espera en uno de los mejores ejemplos conservados de este tipo de ecosistemas en Andalucía.
La protección del Complejo Endorreico de Espera comenzó a consolidarse a finales de la década de 1980 con la declaración de sus tres lagunas como Reservas Integrales Zoológicas por parte del Parlamento de Andalucía. Aquel primer reconocimiento fue el punto de partida de un modelo de conservación que posteriormente quedó integrado en la actual Reserva Natural Complejo Endorreico de Espera mediante el Plan Rector de las Reservas Naturales de las Lagunas de Cádiz. Con el paso de los años, el enclave también ha sido reconocido a escala europea e internacional mediante su incorporación a la Red Natura 2000 como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC), Zona Especial de Conservación (ZEC) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), además de su designación como Humedal de Importancia Internacional en el marco del Convenio Ramsar. Todas estas figuras persiguen un mismo objetivo: preservar uno de los humedales interiores más representativos del sur peninsular y garantizar el mantenimiento de los procesos ecológicos que le dan sentido.
Más allá de su interés científico, el complejo ofrece una oportunidad excepcional para comprender el funcionamiento de los humedales mediterráneos. Los observatorios habilitados permiten seguir la evolución estacional de las lagunas y observar cómo las variaciones del nivel del agua modifican la distribución de la vegetación y de la fauna sin alterar el equilibrio del ecosistema. Esa transformación continua explica buena parte de la riqueza biológica del enclave y permite entender por qué la desaparición estival del agua constituye una fase imprescindible de su dinámica natural. Precisamente esa combinación de singularidad hidrológica, biodiversidad y buen estado de conservación convierte al Complejo Endorreico de Espera en uno de los mejores ejemplos de humedal temporal mediterráneo conservados en España.
Fuente original: eldiario.es












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