El Frente Amplio encara el registro electoral con el encaje de Podemos y el reparto territorial pendientes

El Frente Amplio encara el registro electoral con el encaje de Podemos y el reparto territorial pendientes

La reorganización del espacio político situado a la izquierda del PSOE vuelve a situarse ante una prueba decisiva. El proyecto del Frente Amplio afronta el proceso de inscripción electoral con dos cuestiones todavía por resolver: cómo integrar a Podemos en una candidatura compartida y de qué manera distribuir la representación territorial entre las distintas fuerzas que aspiran a participar en la iniciativa. El objetivo, el de siempre: construir una alternativa capaz de competir en las próximas elecciones generales sin reproducir las divisiones que han debilitado a la izquierda en los últimos años y conseguir la fuerza suficiente para ser decisivos para la formación de Gobierno. La tarea llega en un momento especialmente delicado. La fragmentación electoral, la pérdida de apoyos de algunas formaciones y las dificultades para mantener una estrategia común han reducido las expectativas de los partidos situados a la izquierda de los socialistas. Al mismo tiempo, el calendario electoral, muy breve, obliga a acelerar las conversaciones y a transformar las declaraciones de intenciones en acuerdos concretos sobre organización, candidaturas y representación, especialmente cuando el proyecto sigue sin haber elegido una figura para concurrir como cabeza de lista en la papeleta. Bajo este contexto, el Frente Amplio aspira a reunir distintas sensibilidades políticas bajo una fórmula que permita preservar la identidad de sus integrantes y, al mismo tiempo, evitar que la competencia entre organizaciones termine perjudicando al conjunto. Podemos, la pieza que puede decidir el alcance de la coalición La principal incógnita es la relación con Podemos, cuya incorporación al paraguas del proyecto se considera fundamental para evitar una nueva división del voto progresista. La formación morada mantiene una posición propia desde su ruptura con Sumar y quiere que su peso político se traduzca en capacidad de decisión si pasan a engrosar la nueva alianza. En este sentido, Irene Montero ha defendido la celebración de primarias abiertas para elegir una candidatura conjunta y ha planteado que la votación se celebre los días 14 y 15 de octubre, con el objetivo de ofrecer un mecanismo de legitimación democrática para resolver el liderazgo. No obstante, ello choca con la preferencia de los partidos que impulsan el Frente Amplio, partidarios de alcanzar un acuerdo negociado antes que abrir una competición interna. Desde Movimiento Sumar, su coordinadora, Verónica Barbero, ha insistido en que la prioridad debe ser pactar y evitar que la disputa por los nombres eclipse el proyecto político. A su vez, la posición de Ada Colau añade presión a las conversaciones. La exalcaldesa de Barcelona se ha mostrado dispuesta a asumir un papel destacado, pero ha condicionado su implicación a que la iniciativa incorpore a Podemos y a otras fuerzas que amplíen su alcance, con el objetivo de evitar que el Frente Amplio se limite a una reorganización de los partidos que ya integran Sumar. Para Colau, la unidad solo tendría sentido si consigue superar las divisiones anteriores y ofrecer una candidatura verdaderamente plural. El reparto territorial, otro frente de negociación El segundo gran desafío consiste en distribuir los puestos de…

Fuente original: elplural.com

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