El auge del vehículo de baterías exigirá invertir hasta 24.700 millones en las redes eléctricas europeas

La electrificación del transporte obligará a reforzar las infraestructuras de distribución para absorber el aumento de la demanda, aunque una gestión inteligente de la recarga permitiría reducir la factura un 43%, según un estudio presentado en Tomorrow Mobility World Congress
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El avance del vehículo eléctrico en Europa no solo exigirá transformar la producción de automóviles y desplegar una mayor infraestructura de recarga. También obligará a acometer una inversión millonaria para adaptar las redes eléctricas a un incremento de la demanda, especialmente en las ciudades, junto con una gestión eficiente e inteligente de las recargas.
Esta ha sido una de las principales conclusiones de la primera jornada del Tomorrow Mobility World Congress (TWMC), que se celebra esta semana en el recinto Gran Via de Fira de Barcelona. El encuentro, coorganizado por EIT Urban Mobility y Fira de Barcelona, ha presentado el estudio Electricity Grids in Europe, elaborado por Siemens por encargo de EIT Urban Mobility, ChargeUp Europe y ACEA, que cuantifica en 24.700 millones de euros las inversiones necesarias para adaptar las redes de distribución al crecimiento del vehículo eléctrico hasta 2030.
El informe, que analiza 64 ciudades de los 27 países de la Unión Europea, Islandia, Liechtenstein y Noruega, estima que el parque de vehículos eléctricos de batería se multiplicará por 3,8 de aquí al final de la década respecto a los niveles actuales. El salto no se limitará a los turismos, sino que también afectará a las furgonetas, los autocares y, progresivamente, a los autobuses y los vehículos destinados a la logística.
“No son solo los coches”, ha advertido el consejero delegado de EIT Urban Mobility, Marc Rosenthal, al presentar las conclusiones del trabajo. El directivo ha subrayado que la electrificación de las flotas comerciales y del transporte público añade presión sobre unas infraestructuras que necesitan anticiparse al aumento de la demanda. En el caso de los vehículos de logística y los autobuses, además, sus recorridos y horarios más previsibles permiten planificar mejor las recargas, siempre que la red esté preparada.
La gestión inteligente puede ahorrar 10.600 millones
La factura de adaptar las redes eléctricas podría ser considerablemente menor si se aprovechan las tecnologías de gestión inteligente de la recarga. El estudio calcula que, frente a los 24.700 millones de euros que exigiría un escenario basado exclusivamente en el refuerzo físico de las infraestructuras, la inversión se reduciría a 14.100 millones mediante sistemas de gestión de la demanda. Esto supone un ahorro de 10.600 millones, equivalente al 43%.
Estas soluciones permiten controlar en tiempo casi real la potencia destinada a la recarga de los vehículos eléctricos y distribuirla en función de la capacidad disponible de la red. De esta manera, se pueden evitar los picos de demanda y aprovechar mejor las infraestructuras existentes, reduciendo la necesidad de construir nuevas instalaciones.
La presión se concentra especialmente en las redes de baja tensión, que soportan el 77,7% de la inversión física necesaria para integrar los vehículos eléctricos. El motivo es el peso de la recarga doméstica: el 38,6% de la demanda europea de electricidad para estos vehículos se produce en los hogares, por delante de la carga en carretera y en ciudad, que representa conjuntamente el 27,3%.
El estudio advierte de que, sin actuaciones de refuerzo o sistemas de gestión de la demanda, alrededor del 10% de la red europea de baja tensión podría superar su capacidad durante los momentos de mayor consumo en 2030. De hecho, los 64 centros urbanos analizados necesitarán algún tipo de refuerzo de sus redes para integrar el crecimiento del parque eléctrico.
Las necesidades de inversión, sin embargo, presentan importantes diferencias geográficas. Centroeuropa concentra la mayor parte del gasto, con 15.400 millones de euros, frente a los 3.800 millones de los países nórdicos, los 3.500 millones de Europa del Este y los 2.000 millones de los países del sur. En este último grupo, el modelo contempla un menor esfuerzo inversor, aunque también estima que la gestión inteligente de la carga permitiría reducir las necesidades de inversión un 43%.
El transporte público como impulso al coche eléctrico
La electrificación de las flotas públicas también puede actuar como palanca para acelerar la transición del conjunto del parque móvil. Esta ha sido otra de las cuestiones abordadas durante la primera jornada del congreso, en la que representantes de distintas ciudades europeas han analizado cómo las políticas públicas pueden favorecer la implantación de la movilidad eléctrica.
El área metropolitana de Ámsterdam constituye uno de los ejemplos expuestos. La incorporación de flotas eléctricas de transporte público ha contribuido a generar economías de escala y facilitar el despliegue de infraestructuras que posteriormente pueden beneficiar también a los usuarios particulares de las localidades del entorno.
A ello se suman medidas destinadas a hacer más accesible la electrificación, como la limitación de precios y las tarifas flexibles. El objetivo es evitar que el coste de transición deje fuera a determinados colectivos y extender el uso del vehículo eléctrico más allá de los grandes núcleos urbanos.
La logística afronta el reto de compartir la infraestructura
La electrificación del transporte de mercancías ha centrado otra de las sesiones del encuentro, que ha puesto el foco en las dificultades para extender los camiones eléctricos. Aunque el desembolso inicial de estos vehículos continúa siendo elevado, los costes de explotación pueden resultar ya competitivos frente al diésel cuando las empresas disponen de infraestructura de recarga propia y electricidad a precios reducidos.
El consejero delegado de Roxpay, David Marchand, ha destacado precisamente esta ventaja económica, mientras que otros participantes han advertido de las dificultades que afrontan especialmente las pequeñas y medianas empresas para asumir las inversiones necesarias en instalaciones de carga.
La adquisición de equipos y la instalación de puntos de recarga específicos pueden resultar inasumibles para una compañía si debe afrontar en solitario todo el desembolso. Por ello, los expertos han defendido el desarrollo de modelos colaborativos que permitan compartir infraestructuras y repartir los costes.
Entre las propuestas figuran los acuerdos para acceder a puntos de recarga de otras empresas y la cooperación entre operadores de distintos países. También se han expuesto iniciativas como la desarrollada en Países Bajos, donde las administraciones y las compañías colaboran para subvencionar la instalación de cargadores en aparcamientos privados, gasolineras y áreas de descanso para transportistas.
La integración de estos puntos de carga en la red eléctrica constituye otro de los desafíos. Los expertos han señalado que se están probando soluciones de recarga de menor potencia para evitar sobrecargas, aunque consideran que los camiones actuales ya están preparados técnicamente para utilizar potencias superiores a medida que evolucionen las infraestructuras.
Fuente original: eldiario.es












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