Construidas en el siglo XVIII, estas galerías subterráneas servían para prevenir desembarcos del enemigo y ahora pueden visitarse

Convertida en un emporio, Cádiz requería protección frente a eventuales ataques enemigos y creó una red de túneles subterráneos en la segunda mitad del siglo XVIII
Únicos, restaurados y fechados entre 1810 y 1811, estos manuscritos muestran cómo trataba esta ciudad andaluza de defenderse ante Napoleón
Esta iglesia, una de las joyas del patrimonio de Cádiz, luce una “nueva” torre campanario tras una profunda restauración
Durante décadas, las conocidas popularmente como Cuevas de María Moco han permanecido envueltas en un halo de misterio en la ciudad de Cádiz, entre la memoria colectiva y la leyenda popular. Sin embargo, la apertura al público de estas estructuras subterráneas ha permitido transformar el mito en una tangible realidad histórica para todos los ciudadanos. Se trata de las antiguas Galerías de Fusileros que discurren bajo las murallas del Frente de Tierra, un espacio militar hasta ahora inaccesible para la mayoría de los gaditanos. La iniciativa municipal ha logrado rescatar del olvido este enclave defensivo, permitiendo a los visitantes adentrarse en pasadizos que discurren bajo sus pies. Esta histórica inauguración marca un hito en la recuperación patrimonial de Cádiz.
La construcción de esta fascinante red de túneles subterráneos se sitúa en la segunda mitad del siglo XVIII, fruto de la planificación llevada a cabo por la ingeniería militar de la época. En aquel periodo histórico, Cádiz experimentó un extraordinario esplendor comercial e institucional tras el traslado de la Casa de Contratación en el año 1717, consolidándose como la gran puerta del comercio americano. Convertida en un auténtico emporio económico mundial, la urbe requería consolidar un sofisticado sistema de protección frente a eventuales ataques enemigos. Las autoridades comprendieron rápidamente que la defensa de superficie debía complementarse con complejas galerías subterráneas para proteger eficazmente los accesos vulnerables.
El propósito fundamental de estas galerías de fusileros consistía en prevenir con eficacia eventuales desembarcos de tropas enemigas en los sectores más expuestos de la costa. En concreto, este tramo defensivo se ubicaba en una zona avanzada del Frente de Tierra, frente a una antigua playa de fango que resultaba especialmente propicia para incursiones navales hostiles. Desde la seguridad de la galería, la guarnición defensora podía divisar la franja marítima y repeler a los atacantes con fuego coordinado a través de aberturas defensivas. Las aspilleras estratégicamente dispuestas permitían a los fusileros disparar protegidos por sólidos muros, minimizando el impacto enemigo.
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Las visitas guiadas permiten recorrer un tramo adaptado de aproximadamente 200 metros de longitud
Desde el punto de vista arquitectónico, las galerías destacan por una cuidada fábrica que combina muros de piedra ostionera con mortero de cal y arena, junto a robustas bóvedas de ladrillo. Cada uno de los elementos de su diseño respondía a estrictas exigencias defensivas y operativas, incluyendo la meticulosa distribución de las aspilleras a lo largo del trazado subterráneo. El espacio entre los puestos de disparo facilitaba la rotación militar y garantizaba una adecuada ventilación durante el combate. Dado que las armas de avancarga generaban denso humo y requerían tiempo para la recarga, la estructura incorporaba respiraderos verticales comunicados con el exterior para disipar los gases y mantener el aire limpio.
El complejo subterráneo de las Cuevas de María Moco comprende distintos tipos de estructuras independientes, entre las que destacan las galerías de comunicación, las aspilleradas y las peliagudas contraminas. Estas últimas albergaban pozos defensivos de gran profundidad, alcanzando en algunos tramos hasta 13 metros de caída, lo que exige extremar las precauciones de seguridad en la actualidad. A pesar del minucioso planeamiento militar y del esfuerzo invertido en su edificación, los analistas confirman que las galerías nunca llegaron a ser utilizadas en combate real. Tras perder su relevancia estratégica original, estos pasadizos sirvieron de refugio informal e incluso como almacén clandestino para ocultar mercancías del contrabando.
Sin explicación
El popular apelativo de María Moco carece de una explicación documental contrastada, lo que propició la proliferación de pintorescas historias dentro del folclore gaditano. Entre las leyendas locales transmitidas de generación en generación se habla de una mujer enamorada de un oficial militar, de una figura vinculada a la brujería o de una astuta contrabandista que utilizaba los túneles para sus actividades ilícitas. Sin embargo, los estudios arqueológicos municipales han aclarado que tras ese sugerente nombre popular “solo” se esconde una obra cumbre de la arquitectura de la ciudad. El contraste entre los mitos urbanos y la realidad histórica añade un singular atractivo al monumento, valorando tanto su tradición oral como patrimonial.
Hoy en día, las visitas guiadas permiten recorrer un tramo adaptado de aproximadamente 200 metros de longitud, fruto de una estrecha colaboración entre el ayuntamiento y el Instituto Hidrográfico de la Armada. Para posibilitar el acceso público se han ejecutado profundas labores de limpieza y desinfección, además de instalar nuevas escaleras de acceso y adecuar la iluminación del recinto militar. El itinerario incluye una visita previa a la exposición sobre la aportación de la Armada a la ciencia, tras la cual los visitantes se adentran en la galería equipados con casco e iluminación personal.
Fuente original: eldiario.es












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