La tregua fantasma entre EEUU e Irán llega a su fin: Trump vuelve a la presión máxima

La tregua fantasma entre EEUU e Irán llega a su fin: Trump vuelve a la presión máxima

El plazo se ha agotado, pero la tregua llevaba semanas agonizando. El memorando firmado entre Estados Unidos e Irán el pasado 17 de junio, concebido para abrir un periodo de 60 días de negociaciones que permitiera avanzar hacia un acuerdo definitivo, ha expirado sin que Washington y Teherán hayan conseguido acercar posiciones. La fecha marca formalmente el final de una etapa diplomática, aunque sobre el terreno la realidad hacía tiempo que apuntaba en otra dirección: acusaciones cruzadas, enfrentamientos, amenazas y una creciente disputa por el estratégico estrecho de Ormuz habían ido vaciando de contenido el pacto. La decisión de la Administración de Donald Trump de no prorrogar el acuerdo confirma ahora ese fracaso. El presidente estadounidense considera que Irán no está dispuesto a aceptar las condiciones que Washington juzga necesarias para cerrar definitivamente el conflicto y ha vuelto a situar entre sus prioridades impedir que la República Islámica pueda desarrollar un arma nuclear. La respuesta iraní tampoco apunta hacia la distensión. Teherán ha advertido de que podría pasar de una posición defensiva a otra «plenamente ofensiva» si no se producen avances y acusa a Estados Unidos de incumplir sus compromisos. El resultado es una situación paradójica. La tregua concluye oficialmente el 17 de agosto, pero su muerte política se produjo mucho antes. A principios de julio, cuando apenas habían transcurrido unas semanas desde la firma del memorando, ambas partes ya cuestionaban abiertamente su funcionamiento. El documento contemplaba un periodo máximo de 60 días para alcanzar un pacto final —prorrogable únicamente de común acuerdo—, pero la disputa sobre Ormuz y la falta de confianza entre las dos potencias acabaron paralizando el proceso. Una tregua que nació rodeada de desconfianza El acuerdo de junio era ambicioso sobre el papel. Sus 14 puntos incluían un alto el fuego, negociaciones para una solución definitiva, la progresiva retirada del bloqueo naval estadounidense sobre Irán, garantías para recuperar el tránsito comercial por el estrecho de Ormuz y compromisos relacionados con las sanciones y el programa nuclear iraní. Washington también contemplaba apoyar la reconstrucción del país, mientras Teherán debía mantener determinadas limitaciones nucleares y garantizar la navegación marítima. Sin embargo, buena parte de esas medidas nunca llegaron a materializarse como estaba previsto. El estrecho de Ormuz terminó convirtiéndose en uno de los principales símbolos del desencuentro. La vía marítima, fundamental para el transporte internacional de petróleo y gas, ha adquirido una importancia política y militar todavía mayor desde el comienzo del conflicto. Irán reivindica capacidad de decisión sobre el tránsito por la zona, mientras Estados Unidos rechaza que Teherán pueda imponer unilateralmente las condiciones de navegación. El desacuerdo ha impedido normalizar completamente el tráfico marítimo y se ha transformado en uno de los grandes obstáculos para cualquier entendimiento duradero. Lo que debía ser una ventana para negociar terminó así convertido en 60 días de precaria coexistencia entre diplomacia y enfrentamiento. Hubo mediadores, conversaciones indirectas y propuestas para mantener vivo el proceso, pero ninguna consiguió resolver las diferencias fundamentales. Incluso países como Omán, tradicionalmente relevantes como intermediarios entre…

Fuente original: elplural.com

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