Hicieron falta 233 muertos para aprender a leer una alerta roja

Hicieron falta 233 muertos para aprender a leer una alerta roja

En mayo de 2014, en un congreso sobre el Antropoceno en California, Ursula K. Le Guin leyó un texto breve titulado «Deep in Admiration» – «Hondamente admirados», traducido al español -. Ahí dejó una frase que hoy suena a diagnóstico: «Necesitamos los lenguajes tanto de la ciencia como de la poesía para salvarnos de acumular información infinita que no consigue educar ni nuestra ignorancia ni nuestra irresponsabilidad». La frase tiene truco, y el español lo conserva. Informar viene del latín «informare», «dar forma», y el diccionario todavía recoge un uso antiguo: formar a alguien por medio de la instrucción. La información que se amontona sin dar forma a nada no es conocimiento. Es escombro. Explicar e implicar En el mismo texto lo dijo en una línea: «La ciencia describe con exactitud desde fuera; la poesía describe con exactitud desde dentro. La ciencia explica, la poesía implica». Eso rompe un prejuicio muy arraigado. Solemos pensar que la ciencia es fría y la poesía caprichosa, que una es rigor y la otra adorno. Le Guin pide exactitud a las dos. La ciencia, decía, puede aumentar la sensibilidad moral cuando sustituye la opinión infundada. La poesía, cuando muestra un orden y una belleza, puede despertar un sentimiento de hermandad que nos frena ante el despilfarro, la explotación y la crueldad. La ciencia nos quita excusas; la poesía nos quita la indiferencia. Trece horas de retraso En España hemos aprendido esto por las malas. El 29 de octubre de 2024, la AEMET activó el aviso rojo por lluvias en Valencia a las 7:36. El 23 de octubre ya hablaba de una DANA. La alerta a los móviles no llegó hasta las 20:11, casi trece horas después, cuando muchas personas estaban ya atrapadas por el agua. La jueza de Catarroja que instruye la causa ha elevado a 233 la cifra oficial de víctimas mortales en la provincia de Valencia, y el recuento sigue abierto. No faltó información. Había modelos, mapas de riesgo, avisos oficiales y técnicos que sabían lo que se venía. Lo que faltó fue que esos datos se convirtieran a tiempo en decisión y en responsabilidad. Faltó alguien que entendiera que aquel color rojo en un mapa eran calles con nombre y vecinos con cara. La propia jueza lo ha escrito este mes. En un auto del 13 de octubre ve «claros indicios» de que las trece muertes de La Torre, pedanía de Valencia, «pudieran haber sido íntegramente evitadas» si la exconsellera Salomé Pradas y su número dos, Emilio Argüeso, ambos investigados, «hubieran ejercido sus funciones». Diez meses después llegó el fuego: en agosto de 2025, la peor ola de incendios en tres décadas. El año cerró con 354.793 hectáreas quemadas y 63 grandes incendios, el triple de la media del decenio. Protección Civil contabilizó ocho muertos, cinco de ellos de los equipos de extinción, y 42.913 personas evacuadas. Ourense, Zamora y León ardieron mientras se discutía de quién era la competencia. Y otra vez sabíamos: sabíamos de la España vaciada, del monte…

Fuente original: elplural.com

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