La cicatriz que ya no se ve: así cambia la mastectomía con cirugía robótica

La cicatriz que ya no se ve: así cambia la mastectomía con cirugía robótica

Hay operaciones que dejan una huella mucho más profunda que la de la piel. La mastectomía es una de ellas. Extirpar una mama para tratar un tumor es, ante todo, una decisión clínica, pero la marca que deja queda en un lugar que la mujer ve cada día. Esa cicatriz termina funcionando como un recordatorio permanente de la enfermedad. Durante décadas, la cirugía del cáncer de mama avanzó sobre todo en una dirección: retirar menos tejido sin comprometer el control de la enfermedad. De la mastectomía radical se pasó a técnicas conservadoras y, después, a intervenciones capaces de preservar la piel e incluso el pezón. Con el tiempo, una cuestión aparentemente menor ha ganado peso propio en el quirófano: dónde se coloca la incisión. Porque el punto por el que el cirujano accede a la mama determina en buena medida el aspecto final del pecho. Y existe una vía que permite sacar esa apertura de la mama y esconderla en el pliegue de la axila, un cambio que reduce la cicatriz visible y modifica la forma en que la paciente se reconoce después. Cuando la incisión se sale de la mama El Hospital Universitario Rey Juan Carlos, centro público de la Comunidad de Madrid, ha incorporado recientemente esta técnica. La intervención se realiza con el sistema robótico Da Vinci Xi —uno de los tres robots con los que cuenta el hospital mostoleño, el primero de la región en disponer de tres— y permite practicar una mastectomía conservando la piel y el complejo areola-pezón en pacientes en las que está indicada la extirpación de la mama. «La cirugía robótica nos ayuda a ofrecer una técnica menos agresiva, con una cicatriz menos visible y con un impacto muy positivo en la percepción corporal de la paciente», explica la Dra. María de Matías, jefa asociada del Servicio de Ginecología y Obstetricia del centro. La diferencia resulta fácil de visualizar. En una mastectomía convencional, el corte suele practicarse sobre la propia mama o alrededor del pezón. Aquí el acceso se realiza por una apertura de unos tres centímetros situada en la línea media axilar. Desde ese único punto se extrae el tejido mamario y se reconstruye después la mama, de modo que la piel del pecho queda intacta. Conservar la piel y el pezón: por qué pesa tanto Conservar la envoltura natural de la mama no es un detalle estético secundario. El pecho reconstruido mantiene su propia piel y su pezón, lo que ayuda a percibir el resultado como algo propio y no como una reparación. En una cirugía con tanta carga emocional, esa diferencia influye en la sensación de integridad corporal. A ello se suma un cambio de escenario que a menudo pasa inadvertido. Los avances en el diagnóstico y el tratamiento del cáncer de mama han alargado enormemente la supervivencia, hasta el punto de que muchas mujeres vivirán décadas después de la intervención. Por eso, señala la Dra. De Matías, «es fundamental que, además de tratar la enfermedad, cuidemos también el bienestar…

Fuente original: elplural.com

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