Manifestantes de Sol leen y reaccionan al decreto de vivienda: "Quien tenga un piso va a poder seguir abusando"

Personas y colectivos que acampan reciben con recelo tanto la fórmula de dos decretos como el contenido del segundo, que contempla que los caseros indemnicen a los inquilinos si no les renuevan los contratos, salvo justificación acreditada. Hablan de «una buena medida», pero «una tirita para un problema estructural muy grande»
Así será la prórroga automática de los alquileres: el propietario tendrá que indemnizar al inquilino con un año de renta si la incumple
“No me vale”. Así reacciona Laura, una joven que ha tenido que mudarse cuatro veces en cinco años a diferentes pisos de Madrid, después de leer y conocer los puntos más importantes del segundo decreto de vivienda aprobado por el Consejo de Ministros. Se trata de la norma que prorroga los alquileres de manera automática en períodos de cinco años (siete cuando la propiedad es una persona jurídica) y que obliga a los caseros a indemnizar a los inquilinos con hasta doce meses de los pagos previstos en caso de no extender el contrato.
“El burofax te va a llegar igual y no vas a saber qué hacer. Te pueden seguir echando de tu casa, y ahora mismo una mudanza o ponerte a buscar piso es para querer morirte”, afirma Laura después de pasar su primera noche en la acamapada de la Puerta del Sol. “Me parece un lavado de manos del Gobierno”, opina, a dos días de que el Ejecutivo de Pedro Sánchez trate de convalidar este y el primer real decreto de vivienda en el Congreso. Una votación ante la cual el Sindicato de Inquilinas ha pedido a los partidos políticos que den su ‘sí’ a las medidas.
La norma que atañe a la prórroga de contratos posee un único artículo que modifica la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) y establece que, una vez llegado el fin del contrato de arrendamiento de las vivienda o alguna de sus prórrogas, si ninguna de las partes ha comunicado la voluntad de no extender el contrato (seis meses en el caso del propietario y dos en el del inquilino), “el contrato se prorrogará obligatoriamente por plazos sucesivos de cinco años, o siete años si el arrendador fuese persona jurídica”.
El texto recoge que, en el caso de que el propietario notifique su voluntad de no seguir, estará obligado a indemnizar al inquilino “con una cantidad equivalente, al menos, al importe de doce mensualidades de renta de una vivienda de análogas características a la arrendada”, que se calculará con la base del sistema de referencia estatal “y en ningún caso podrá ser inferior al importe equivalente a una mensualidad de renta por cada año que el arrendatario haya residido en la vivienda”. Esta indemnización, recoge el decreto ley que se publicará este jueves en el BOE, se abonará en el momento en que se entregue la vivienda.
“Quien tenga el privilegio de poseer un piso va a poder seguir abusando como hasta ahora. Voy a seguir trabajando para pagarles la casa, sintiéndome una okupa aunque pague cuando me quieran echar. Y la gente se seguirá teniendo que ir de sus hogares y dejando a los vecinos, con las consecuencias terribles que eso tiene para la vida en comunidad”, lamenta Laura. Exige que las indemnizaciones que contempla la norma “se paguen en el momento, porque sino no valen de nada a la gente que más lo necesita, la que no tiene donde ir”.
Quien tenga el privilegio de poseer un piso va a poder seguir abusando como hasta ahora.Y la gente se seguirá teniendo que ir de sus hogares y dejando a los vecinos, con las consecuencias terribles que eso tiene para la vida en comunidad
El decreto exime de indemnización a los propietarios que acrediten la necesidad de utilizar sus viviendas para ellos, sus cónyuges o familiares de hasta segundo grado de consaguineidad. Eso sí, tendrán tres meses para acreditar su ocupación por las personas indicadas. De no ser así, el antiguo arrendatario podrá exigir la indemnización en cuanto trascurra ese plazo. Sin embargo, Laura cuestiona que para entonces el inquilino ya ha tenido que enfrentarse a la búsqueda de un nuevo alquiler. Por ello, llama a organzarse previamente y prepararse para esa coyuntura: “Es una excusa que estamos escuchando cada vez más. Hay que informarse y acudir al Sindicato de Inquilinas para no irse hasta que acrediten con pruebas que lo necesitan ellos o un familiar cercano. A mis compañeras y a mí nos pasó, le pedimos la documentación a la casera y nunca más nos contestó. Iba de farol”.
Iker y Natalia, acampados en Sol desde hace varios días, ven una mejora legislativa mientras leen el documento adelantado por elDiario.es. Pero una que no colma sus expectativas: “Nos parece desde luego un avance, pero no nos parece suficiente. Es una tirita para un problema estructural muy grande”, asegura él. “Ya el decreto que se estaba reclamando por parte del Sindicato Inquilinas era limitado y aun así ni siquiera se han llegado a alcanzar todas las medidas que se pedían. Además, se incluye en un segundo decreto, una estrategia como de maquillaje por parte del Gobierno para quedar bien con quienes estamos reclamando esto cuando saben que no van a poder aprobarlo”, añade.
“Me parece una buena medida que se amplíen los contratos, pero como dice Iker al final no es más que una tirita, porque si tú no puedes acceder a una vivienda digna para vas a seguir compartiendo piso con cinco personas. Pagando 600 euros por una habitación, yéndote fuera o abandomndo la vivienda en la que has estado toda la vida por no poder asumir el coste del alquiler. Igual lo que hay que hacer es regular que todo el mundo tenga derecho a un techo como dice la Constitución. Los rentistas y los especuladores siguen siendo los mayores beneficiados de toda esta situación”, dice Natalia.
Para Yaiza, otra de las indignadas que pasa las horas en Sol, la norma que prorroga los alquileres es “insuficiente como todo lo que hace este Gobierno”. Cree además que “los dos decretos deberían ir en uno solo”. En cualquier caso, aboga por medidas más ambiciosas como ligar los alquileres a la rente del inquilino: “En mi familia hay personas que han estado en juicios por sufrir subidas de los alquileres de más del 200% de un mes para otro, justificándolo el casero con que el resto de pisos de la zona estaban más caros. Me parece una cosa absurda y por eso creo que no basta con congelar los alquileres, sino que deberían suponer un porcentaje máximo de lo que gana cada persona”. Su compañero Dani, que se ofrece a leer el decreto en alto pero prefiere dejar hablar a su compañera, asiente mientras la escucha.
No basta con congelar los alquileres, sino que deberían suponer un porcentaje máximo de lo que gana cada persona
Amatista, uno de los portavoces del Proceso Unitario de Colectivos de Vivienda de Madrid, defiende que un decreto que contemplase los contratos indefinidos “ya era insuficiente”. “El problema del alquiler ya no es solo con el precio, que desde luego es desorbitado. ”Hay mucha gente migrante y racializada que tengan o no recursos, no pueden acceder al alquiler simplemente por una cuestión de que en el rentismo hay un racismo imperante enorme“. Pese a ello, reconoce que los dos reales decretos-ley son ”logros que están bien“, pero aboga por ”una acción directa que desde la organización popular consiga mucho más“. Cuestiona además la división de las medidas en dos normas distintas: ”Si ya antes nos parecía poco, con esta fórmula es menos todavía“.
El futuro de la acampada, “más allá del decreto”
Preguntada acerca de si los decretos aplacarán la acampada de Sol y las protestas, incluso en el improbable caso de que ambos sean convalidados, Laura lo duda: “No lo sé porque no veo el futuro, pero tengo claro que aquí el ambiente es precioso. Hay mucha rabia, pero también mucho amor. Desde que te levantas hasta que te acuestas estás reflexionando, discutiendo o simplemente compartiendo tus problemas. Es una plataforma de lucha pacífica que va más allá del decreto y hasta más allá del drama de la vivienda. Estamos peleando por la educación pública, por la Ley de Extranjería, por defender los derechos de las personas migrante sen Ceuta… Nos hemos dado cuenta de que en los últimos años se han dejado de hacer muchas cosas para proteger la justicia social. Esto se está organizando de forma improvisada, pero puede ser que dure mucho más, desde luego. Muchísimo”.
En la misma línea se posiciona Yaiza: “Vamos a seguir aquí hasta que consigamos contratos indefinidos, porque contratos renovables durante cinco años no sirve de nada. Como vemos en el caso de Maricarmen, al final te pueden desahuciar igual y te pueden acabar echando de la que ha sido tu casa durante toda la vida. Nuestra intención es continuar lo máximo que se pueda. Y si si pudiéramos confluir con la lucha educativa, que se viene una huelga en octubre, sería importante poque hay que hacer un frente único. No es solo la vivienda, al final todas las personas de clase obrera estamos atravesadas por un montón de situaciones injustas y tenemos que pelear con todo”.
Natalia, por su parte, es algo más reticente a mantener la movilización más allá del viernes o el fin de semana: “La acampada no tiene que ser un fin en sí mismo, es un medio para conseguir algo. Entonces no sé hasta qué punto alargarla indefinidamente sería lo lo mejor, porque también creo que tenemos que descansar, unir fuerzas y conseguir salir de aquí con algo entre las manos. Vamos a ver lo que dicen las compañeras y el inquilinato y a llegar a un consenso entre todas. Igual no es lo que lo que queríamos, la partición de los decretos es insuficiente, pero al menos es un avance gracias a que nos hemos organizado entre todas. Por fin nos estamos movilizando y consiguiendo cosas”.
Logros como que la acampada siga creciendo cuatro días después de su comienzo, hasta alcanzar las 1.248 tiendas a primera hora de este miércoles. En la noche del martes llegó Ámbar, que se queda junto a otras cuatro personas en una tienda de compaña que le han dejado unos amigos. Recién llegada a Madrid desde Barcelona y lanzada al “salvaje” mercado del alquiler, tampoco prevé que la hipotética convalidación de los decretos ponga punto y final a la concentración. Más bien al contrario, en caso de que decaigan algos o el que prorroga los alquileres. “El viernes esto explotará aún más”, anticipa.
Amatista aboga por resistir, pero a la vez por ir mas allá: “La idea es aguantar hasta que el cuerpo aguante o hasta que nos echen de aquí. Pero yo animaría a todo el mundo que se haya pasado por aquí y que no esté organizada a que se pase por la asamblea vecinal de su barrio, porque desde ahí se pueden hacer otras muchas cosas. Esto es el principio, pero no es el final. Hay que seguir trabajando cada uno desde su pueblo, desde su barrio y desde su casa”.
Fuente original: eldiario.es












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