El "negocio" de Ayuso con nuestros hijos: cómo desguazar la educación pública para alimentar a la privada

Isabel Díaz Ayuso ha convertido la Comunidad de Madrid en el laboratorio definitivo del neoliberalismo salvaje, donde la educación ha dejado de ser un derecho para transformarse en un suculento botín. Bajo su mandato, el dinero de todos fluye sin control hacia manos privadas mientras las familias y los docentes ven cómo el sistema público se asfixia entre barracones y precariedad absoluta. No es falta de gestión, es un plan perfectamente ejecutado para segregar a la sociedad madrileña desde la cuna. Al externalizar servicios esenciales y fomentar el trasvase de alumnos hacia la concertada y privada, el Gobierno regional no solo está recortando recursos, sino que está perpetrando un ataque frontal contra la igualdad de oportunidades que debería garantizar la democracia. Uno de los puntos más sangrantes de la gestión de Ayuso es, sin duda, la gestión del servicio de becas. Recientemente, se ha denunciado que la Comunidad ha destinado un millón de euros a empresas privadas para externalizar la gestión de las ayudas escolares. Lo que antes se gestionaba desde lo público de forma eficiente, ahora se entrega a dedo a compañías externas, un movimiento que muchos no dudan en calificar como un «robo de dinero público» legalizado. Este desvío de fondos no es un hecho aislado. Es la culminación de una política que busca vaciar de contenido las instituciones madrileñas. Mientras se riega con millones de euros a estas gestoras privadas, los trámites para las familias se vuelven más opacos y farragosos. La pregunta es evidente: ¿Por qué pagar a una empresa privada por un trabajo que los funcionarios de la Comunidad podrían realizar si tuvieran los medios adecuados? La respuesta es siempre la misma: favorecer el negocio de unos pocos a costa del esfuerzo de todos los madrileños. La deshumanización de este sistema ha llegado a extremos intolerables. Mientras la administración se externaliza, la burocracia se convierte en una barrera ideológica. Recientemente, ha saltado el escándalo: el Gobierno de Ayuso ha negado la beca de comedor a las hijas de una mujer asesinada por su expareja. Esta decisión, protegida tras tecnicismos administrativos, demuestra que la Comunidad de Madrid ha perdido el norte ético. Se prefiere mirar hacia otro lado ante el drama de la violencia machista que garantizar un plato de comida a menores en situación de vulnerabilidad extrema, confirmando que en el Madrid de Ayuso, si no eres rentable, no existes. Además, el sectarismo político de la Puerta del Sol está perjudicando directamente el avance tecnológico de las aulas. Los sindicatos han denunciado que Ayuso malgasta voluntariamente los fondos educativos que le envía el Gobierno de Pedro Sánchez solo para boicotear y justificar el «Código Escuela 4.0». Es una irresponsabilidad sin precedentes: se rechaza o se gestiona mal el dinero destinado a la digitalización y a la reducción de la brecha de género solo por pura confrontación partidista. Prefieren que los alumnos madrileños pierdan trenes de futuro antes que admitir una buena gestión del Ejecutivo central. La situación en la etapa de 0 a 3 años…